- Esto, papá... ¿Por qué has comprado champú con olor a frutas exóticas? Y... ¿unas zapatillas... rosas? ¿No te habrás vuelto... bueno... gay?
-Mira que puedes llegar a ser tonto, hijo mío...
-Bueno, entonces explícame por qué has comprado todo esto de mujer; porque supongo que aún no sabrás que tu querida hija Emilia, se viene a tu casa este viernes y quién sabe hasta cuando piensa quedarse...
-¡¿Pero qué dices?!
-Si te dignaras a cargar de vez en cuando tu móvil, a lo mejor ya lo sabrías.
De repente mi padre puso mala cara; esa cara que suelen poner los padres cuando te tienen que decir algo y no saben por dónde empezar. Todo el mundo decía que yo era la viva imagen de mi padre: ojos azules eternos y que transmitían la más intensa tranquilidad, el mismo pelo rizado, el mismo cuerpo, ambos con mucho carácter... En cambio, yo no me veía a mi en él, mi pelo era más rizado y más claro que el suyo, y mis ojos eran una mezcla de azul y verde, nada de azul celeste como los suyos... Podría decir que me encantaría parecerme a mi padre, pero es que mentiría; por que no me gustaría parecerme a él, ser como él, tener cara de preocupación a todas horas... De verdad que vivía más cómodo pensando que no me parecía a él.
- Jorge, ven.
-Voy, papi.
-Sentaos, tengo que contaros algo...
Vale, prueba segura de que tenía que darnos una noticia; el problema era que no me imaginaba que clase de noticia...
-¿Os acordáis de Laura?
-Eeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeem, no... -respondió Jorge mientras se dedicaba a jugar con los coches por la mesa de la cocina.
- Yo sí, Laura, la chica alta de pelo negro y liso que hace poco trajiste a casa para cenar, ¿no? Tu compañera de trabajo...
- Sí, bueno, pues... -veía cómo mi padre empezaba a ponerse incómodo, no paraba de cogerse el borde de la camisa que llevaba y despegárselo del cuello -.Pues resulta que se va a venir a vivir con nosotros durante una temporada, porque papá piensa que es guapa y ella cree que me quiere y...
-Papá, que vale, que has encontrado novia, no pasa nada, por mi bien...
-¿Y mamá? ¿Cuándo vuelve mamá? -me cago en la os... Que se me olvidó que Jorge estaba ahí con nosotros...
-Pequeño, mamá se ha ido de vacaciones con sus amigas, volverá dentro de un tiempo. -Cómo me hubiera gustado volver a ser pequeño, sin preocupaciones, sin sospechas, creyéndomelo todo; hay veces que es mejor vivir engañado antes que una noticia te haga daño...
-Vale, pero cuando vuelva le tienes que dar su anillo...
-¿Su anillo? -preguntó papá intrigado.
-Sí, papá, esta mañana Jorge y yo hemos encontrado el anillo de boda de mamá encima de la mesa, y pensamos que tu tal vez lo habrías dejado allí.
- No, Alex, eso lo pensaste tú, a mi no me preguntaste si yo lo había encontrado... Claro, como soy pequeño, pues nada... -y empezó a hacer pucheros. La verdad es que no me había parado a pensar que lo podría haber puesto Jorge, de echo fue él quien me avisó de que estaba allí.
-¿Donde lo encontraste, Jorge? -preguntó papá muy serio.
-Debajo de la almohada de mamá... Ayer no podía dormir en mi cama, y pensé en ir a la cama de mamá, porque allí, siempre me duermo. Y cuando lo encontré, lo dejé en la mesa del salón para que sea lo primero que vea mamá cuando vuelva a casa.
-Bien echo -llegué a pronunciar antes de que mi padre siguiera hablando y le causara más dolor al pequeño de la familia.
-Papi, ¿que vamos a comer? -preguntó Jorge, inocentemente; sin saber que le esperaba dentro de media hora, un plato caliente de lentejas. Y es que, ¿a quién le gusta esta comida?
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