En realidad la noticia no me ha afectado tanto, me lo he tomado, ¿bien? No es esa la palabra que buscaba, pero es que no me sale ninguna otra... ¿Compañía? Sí, quizás sea esa; mi padre necesita compañía y el día que Laura vino a cenar se le veía muy ilusionada con tenerla allí, con nosotros, aun que había algo en ella que no terminaba de convencerme, y aún no sabía que era lo que me inquietaba. Sí, era guapa, simpática, joven; ella tenía 25 años y mi padre 40... Por mucho que dijeran nuestros amigos y familiares que mi padre siempre había y era sido guapo, yo no veía limpia esa relación... De todas formas debería esperar a que surgieran acontecimientos, mientras tanto, había un problema femenino más grande que Laura; el huracán Emilia.
-Papá, ¿qué vamos a hacer con la habitación de Emilia? Es un trastero, ¿recuerdas? -pregunté mientras recogía los platos de la mesa; he de decir que las lentejas estaban buenas, Rocío, la cocinera conseguía que todo supiese bien, aunque Jorge, al menos esta vez, no opinó lo mismo dejándose el plato de lentejas por la mitad y teniendo de postre, encima, como si fuese un premio, un yogurt de frutas del bosque, su favorito.
-Sí, lo recuerdo; debemos de ordenarla, eso esta claro... Pero estamos en puente, ella viene el viernes; tenemos toda esta tarde y mañana para ordenarla, creo que vamos bien de tiempo.
-¿Cuándo viene Laura, papá?
-¿Qué cuándo viene Laura? Bueno, supongo que para la semana que viene estará aquí.
-Oh, bien... ¡Ah! Otra cosa respecto al tema de Emi... No sabe hasta cuando se va a quedar, ¿sabes? Dice que viene el viernes, pero no sabe hasta cuando se queda.
-No opongo problemas, tengo ganas de pasar tiempo con ella, hace años que no la veo, mi Emilia, mi pequeña Emi...
La verdad era que Emi era bastante guapa, y cuando mi padre se ponía a hablar de ella mirando al horizonte y la describía, entonces yo también la veía. Tenía la cara muy aniñada para su edad, y era muy valiente, con sus grandes ojos y su singular característica de tener uno de cada color; el derecho verde y el izquierdo azul; esto solo se apreciaba si la mirabas fijamente a los ojos, cosa que muy pocas personas conseguían hacer, porque su mirada intimidaba bastante, aunque fuera pequeña -era más baja que yo-, se hacía notar mucho.
-Sí, yo también la he echado de menos, pero dentro de dos días la tenemos aquí.
-Gracias a Dios...
-Papá la cocina está ya recogida, ¿subo al cuarto de Emilia y lo voy ordenando, y mientras tú lavas los platos?
-Me parece una buena idea, cuando termine subo a ayudarte.
-Esta bien.
Subí las escaleras a toda prisa, sin saber por qué, tenía muchas ganas de entrar en la habitación de Emilia y ordenarla; algo me decía que iba a encontrar cosas perdidas y ya, con el tiempo, olvidadas... Y así fue.
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