martes, 20 de septiembre de 2011

María.

El camino a casa de María se me hizo bastante largo ese día, a pesar de que su casa se encontrará a no más de 3 Km de la mía. Me puse los auriculares y fui a paso ligero mientras ponía la canción de Simple Plan ''Jet Lag'' Iba algo tarde, pero tampoco me importaba, se trataba de María, esa chica a la que conocía desde hacía 16 años y conocía mis mejores secretos; habíamos quedado en su casa, me apetecía verla y esa tarde la llamé para quedar y pasar un rato con ella, siempre que pasaba tiempo con ella, las horas se hacían minutos y los minutos a veces segundos. No se le podía llamar amor, porque no lo era, lo nuestro era amistad a pesar de que algunos imbéciles del instituto siempre estuviesen diciendo gilipolleces respecto a nuestra relación. He de decir que María era muy atractiva, el prototipo de chica perfecta para cualquier hombre de esta ciudad; pelo rubio liso, ni una ondulación, ojos azules tan claros que casi te podías reflejar, cara adulzada y con mucha niñería, en sí, un cuerpo frágil y pequeño... Perfecta, sin duda, pero con un gran orgullo y personalidad que, en mi opinión, no había mucha gente que pudiese superar. Muchos chicos le habían pedido ya algo en los últimos años, creo recordar que entre unos 11; pero a todos les había dicho que no, a todos les había estampado en la cara un rotundo no. Y yo y nadie más, ni siquiera Elena ni Javi -miembros principales del grupo-, sabía el porqué.Aunque supongo que algun día se enterarían...
Empezó a sonar en mis oídos una canción de Keane ''Somewhere only we know'', era tan bonita... Me la enseñó María, por supuesto.
Llegué a la puerta de casa de María, casi sin haberme dado cuenta y toqué, dos suaves golpecitos, imaginaba que María estaría detrás de la puerta y que me abriría en dos segundos; pero no  fue así, no hubo respuesta, por lo que decidí llamar al timbre y esperar unos minutos, pero nadie se dignó a abrirme. ''A la tercera va la vencida'' -me dije. Así que volví a intentarlo y esta vez apareció la cara de su madre, Elisabeth por la puerta.
- ¡Hola Alex! María está en el patio, está bañando a Lula; pasa, pasa.
- Gracias Eli, cada día estás más guapa
- Que simpático eres Alejandro.
- Intento decir la verdad.

Me interné en la casa, primero en el salón -a la derecha de la entrada-- donde todo estaba decorado con exquisito gusto; la madre de María era un encanto de madre y había sido como una madre para mí cuando la mía desapareció, los últimos años había pasado más días con sus respectivas noches en aquella casa tan acogedora con María y su madre más que en mi propia casa, allí todo era más facil, ni una cara larga, todo era bonito y todo estaba bien hicieras lo que hicieras, me sentía realmente cómodo.

- Pues podrías haber tardado un poquito más, ¿no crees?
- Lo siento rubia, mi padre me había encerrado en el cuarto de Emi para ordenarlo.
-¿Ordenarlo? ¿Emi? ¿Qué me he perdido?
- Pues Emilia, mi Emi, mi hermana mayor, vuelve pasado mañana de Italia a pasar una temporada con nosotros y tengo que limpiar su cuarto convertido en trastero.
- Oh, esta bien, que te sea leve.
- Eres una...
- Lo sé, pero que me quieres.
- Mucho. Anda, te daría un abrazo, pero resulta que estás mojada y llena de jabón por culpa de Lula.
-¡Bah! Que más dará, solo es agua, ven aquí, guapo...
- Ni se te ocurra, hueles a perra.
- Lógico y normal, capullo.
-¿Y mi Lula? ¿Cómo está mi Lula?
- No es tuya, es mía.
-Pero te la regalé yo, ¿cierto?
- Y tanto.
- Pues custodia compartida, nena.
- Ay, ¡qué calor!
- No empieces a provoc....

Demasiado tarde, se quitó la camiseta y se quedó en bikini, sí, era atractiva,  claro que sí; y qué guapa era.. Pero no, solo era ella, mi mejor amiga, mi casi hermana.

- No mires tanto, anda...
- No miro, pienso. Además, dejo eso de mirar reservado para Carlos.
- No me hables de él.
- ¡Venga ya! ¿Otro más?
- Sí, esta mañana, por movil, me llamó sobre las 12 y empezó a soltarme el rollo que ya me se de memoría porque me lo han repetido más veces en estos últimos 7 meses que en todo mi vida, y acabo con el típico '' Me gustaría que fuésemos algo más, no sé, ya me entiendes...''
- ¿Y que le dijiste?
-¿Que piensas que le dije?
- Que no, por supuesto.
- Pues ahí está, te has respondido a ti mismo. De verdad Alex, me agobian, quiero que dejen de pedirme estas cosas; creo que ya todo el mundo debe saber porque no quiero nada durante un tiempo, o al menos imaginar por qué...
- No lo sé, de verdad que no sé lo que piensa la gente; pero lo que sí se es que quizás le estés dando demasiadas vueltas al asunto...
- ¿Vueltas? ¿Piensas que es darle demasiadas vueltas a este asunto? Tú mejor que nadie sabes de que va todo esto. Creo que no esta mal ser algo egoísta y no olvidarlo... Lo quería, ¿vale? David era mío, mío solo y se fué, se lo llevaron, me lo arrebataron, yo...

De pronto María culminó en un auténtico mar de lágrimas, y empezaron a temblarle las piernas; y a pesar de su olor a perro mojado, decidí acercarme a ella y cogerla antes de que cayera al suelo sin preámbulos. Era tan frágil... siempre se echaba abajo cuando hablaba de David. David, mi mejor amigo, cómo lo echaba de menos, y sí, fue doloroso, fue difícil, fue catastrófico... Y muy triste, sobre todo eso. Tubo un accidente de coche hacía 7 meses en una carretera sin muchos coches y sin mucha velocidad, pero a él, con su moto, haciendo travesuras como siempre y quebrantando la ley ya a sus 16 años, se montó en una moto prestada y decidió conducir, teniendo la mala suerte de encontrarse con un chico bebido de más en un descapotable.. Y bueno, todo el mundo sabes que siempre gana quien más pesa en estas cosas, y que los acantilados con piedras punzadas son poco comunes pero te la juegan... Como había dicho María, a David nos lo  arrebataron, y entendía  a la perfección que no estuviera preparada para tener pareja; estuvo con el durante 3 años, en los que perdió la virginidad a los 14, muy segura de ella misma, y sigue sin arrepentirse en absoluto.

-Venga, cielo, no llores, no llores, por favor...
-¿Cielo? ¿Desde cuando?
-Desde hoy, y no hay más... ¿Estás bien?
- Sí, supongo, sabes que siempre me pasa esto cuando hablo de él.
-  Lo entiendo, lo entiendo,a mi también se me quiebra la voz muchas veces -dije intentado hacer la gracia para que la situación se calmase algo.
- Gracias.
-¿ Por qué?
- Por todo, por existir, por quererme y por apreciarme tal como soy; por abrazarme cuando lo necesito, por decirme cosas bonitas, por saber escucharme, por saber animarme y decirme que voy a a aprobar los exámenes aún cuando ni estudio, por...
-¿Quererte? Se te ha olvidado decir eso.
- No sé si lo haces, en realidad.
- Te quiero, así que cállate ya.
- Y yo, en serio.

La miraba a los ojos y de verdad que lo sentía, de verdad que la quería, que la necesitaba y que me reconfortaba más que yo a ella. Era única, y un trocito de ella, por muy pequeño que fuera, me pertenecía y así sería siempre, o eso esperaba.

- Quédate a dormir, quiero dormir contigo. Necesito dormirme contigo.
- Claro.

The higher Pantheism.

Al entrar en la habitación de Emi encontré el desorden que ya imaginaba que estaría, pero no esperaba encontrar.
Encima de la cama de Emilia había montañas de libros y cajas llenas de muñecas viejas y ropa muy gastada de cuando eramos pequeños; y las estanterías estaban repletas de cosas, a cada cual más rara, y puestas sin ton ni son sobre ella. Daba la impresión de estar hecha para una película de miedo, con telarañas incluidas y ruidos raros allá donde pisabas. Me esperaban un par de días intensos, pero quería ver la cara de felicidad de mi hermana cuando volviera. Me puse manos a la obra en cuanto me abrí hueco entre tanto desorden; a lo largo de la tarde me sorprendieron bastantes cosas que allí encontré; había millones de libros, casi todos en Inglés, porque Emi hablaba muy bien ese idioma y decía que no había mejor forma de aprender algo que leyendo todo en el idioma requerido.

Encontré un libro que me llamó la atención por su gran grosor y por su portada tan trabajada, era en inglés, como cabía esperar, ''The higher Pantheism'' de un tal Lord Alfred; y al abrirlo por la mitad, me encontré con el comienzo del capítulo 13, en el que rezaba una frase que realmente me dio en que pensar: ''Los sueños son ciertos mientras duran, y ¿acaso no vivimos en un sueño?'' Se la diría a María en cuando la viese... ¿Qué hora era ya? ¿Las 7? Había quedado con María a las 8 y aun debía ducharme... Mejor dejaría el trabajo por ahi, ya seguiría mañana, de todas formas, iba bien, casi todos los libros con su destino incrustado en una caja, menos aquel libro del que saqué la frase que tanto me llamó la atención, ése iba a mi habitación.

miércoles, 7 de septiembre de 2011

Limpieza.

En realidad la noticia no me ha afectado tanto, me lo he tomado, ¿bien? No es esa la palabra que buscaba, pero es que no me sale ninguna otra... ¿Compañía? Sí, quizás sea esa; mi padre necesita compañía y el día que Laura vino a cenar se le veía muy ilusionada con tenerla allí, con nosotros, aun que había algo en ella que no terminaba de convencerme, y aún no sabía que era lo que me inquietaba. Sí, era guapa, simpática, joven; ella tenía 25 años y mi padre 40... Por mucho que dijeran nuestros amigos y familiares que mi padre siempre había y era sido guapo, yo no veía limpia esa relación... De todas formas debería esperar a que surgieran acontecimientos, mientras tanto, había un problema femenino más grande que Laura; el huracán Emilia.


-Papá, ¿qué vamos a hacer con la habitación de Emilia? Es un trastero, ¿recuerdas? -pregunté mientras recogía los platos de la mesa; he de decir que las lentejas estaban buenas, Rocío, la cocinera conseguía que todo supiese bien, aunque Jorge, al menos esta vez, no opinó lo mismo dejándose el plato de lentejas por la mitad y teniendo de postre, encima, como si fuese un premio, un yogurt de frutas del bosque, su favorito. 
-Sí, lo recuerdo; debemos de ordenarla, eso esta claro... Pero estamos en puente, ella viene el viernes; tenemos toda esta tarde y mañana para ordenarla, creo que vamos bien de tiempo.

-¿Cuándo viene Laura, papá?
-¿Qué cuándo viene Laura? Bueno, supongo que para la semana que viene estará aquí.
-Oh, bien... ¡Ah! Otra cosa respecto al tema de Emi... No sabe hasta cuando se va a quedar, ¿sabes? Dice que viene el viernes, pero no sabe hasta cuando se queda.
-No opongo problemas, tengo ganas de pasar tiempo con ella, hace años que no la veo, mi Emilia, mi pequeña Emi...


La verdad era que Emi era bastante guapa, y cuando mi padre se ponía a hablar de ella mirando al horizonte y la describía, entonces yo también la veía. Tenía la cara muy aniñada para su edad, y era muy valiente, con sus grandes ojos y su singular característica de tener uno de cada color; el derecho verde y el izquierdo azul; esto solo se apreciaba si la mirabas fijamente a los ojos, cosa que muy pocas personas conseguían hacer, porque su mirada intimidaba bastante, aunque fuera pequeña -era más baja que yo-, se hacía notar mucho.


-Sí, yo también la he echado de menos, pero dentro de dos días la tenemos aquí.
-Gracias a Dios...
-Papá la cocina está ya recogida, ¿subo al cuarto de Emilia y lo voy ordenando, y mientras tú lavas los platos?
-Me parece una buena idea, cuando termine subo a ayudarte.
-Esta bien.


Subí las escaleras a toda prisa, sin saber por qué, tenía muchas ganas de entrar en la habitación de Emilia y ordenarla; algo me decía que iba a encontrar cosas perdidas y ya, con el tiempo, olvidadas... Y así fue.

lunes, 5 de septiembre de 2011

Noticias.

- Esto, papá... ¿Por qué has comprado champú con olor a frutas exóticas? Y... ¿unas zapatillas... rosas? ¿No te habrás vuelto... bueno... gay?
-Mira que puedes llegar a ser tonto, hijo mío...
-Bueno, entonces explícame por qué has comprado todo esto de mujer; porque supongo que aún no sabrás que tu querida hija Emilia, se viene a tu casa este viernes y quién sabe hasta cuando piensa quedarse...
-¡¿Pero qué dices?!
-Si te dignaras a cargar de vez en cuando tu móvil, a lo mejor ya lo sabrías.


De repente mi padre puso mala cara; esa cara que suelen poner los padres cuando te tienen que decir algo y no saben por dónde empezar. Todo el mundo decía que yo era la viva imagen de mi padre: ojos azules eternos y que transmitían la más intensa tranquilidad, el mismo pelo rizado, el mismo cuerpo, ambos con mucho carácter... En cambio, yo no me veía a mi en él, mi pelo era más rizado y más claro que el suyo, y mis ojos eran una mezcla de azul y verde, nada de azul celeste como los suyos... Podría decir que me encantaría parecerme a mi padre, pero es que mentiría; por que no me gustaría parecerme a él, ser como él, tener cara de preocupación a todas horas... De verdad que vivía más cómodo pensando que no me parecía a él.


- Jorge, ven.
-Voy, papi.
-Sentaos, tengo que contaros algo...


Vale, prueba segura de que tenía que darnos una noticia; el problema era que no me imaginaba que clase de noticia...


-¿Os acordáis de Laura?
-Eeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeeem, no... -respondió Jorge mientras se dedicaba a jugar con los coches por la mesa de la cocina.
- Yo sí, Laura, la chica alta de pelo negro y liso que hace poco trajiste a casa para cenar, ¿no? Tu compañera de trabajo...
- Sí, bueno, pues... -veía cómo mi padre empezaba a ponerse incómodo, no paraba de cogerse el borde de la camisa que llevaba y despegárselo del cuello -.Pues resulta que se va a venir a vivir con nosotros durante una temporada, porque papá piensa que es guapa y ella cree que me quiere y...
-Papá, que vale, que has encontrado novia, no pasa nada, por mi bien...
-¿Y mamá? ¿Cuándo vuelve mamá? -me cago en la os... Que se me olvidó que Jorge estaba ahí con nosotros...
-Pequeño, mamá se ha ido de vacaciones con sus amigas, volverá dentro de un tiempo. -Cómo me hubiera gustado volver a ser pequeño, sin preocupaciones, sin sospechas, creyéndomelo todo; hay veces que es mejor vivir engañado antes que una noticia te haga daño...
-Vale, pero cuando vuelva le tienes que dar su anillo...
-¿Su anillo? -preguntó papá intrigado.
-Sí, papá, esta mañana Jorge y yo hemos encontrado el anillo de boda de mamá encima de la mesa, y pensamos que tu tal vez lo habrías dejado allí.
- No, Alex, eso lo pensaste tú, a mi no me preguntaste si yo lo había encontrado... Claro, como soy pequeño, pues nada... -y empezó a hacer pucheros. La verdad es que no me había parado a pensar que lo podría haber puesto Jorge, de echo fue él quien me avisó de que estaba allí.
-¿Donde lo encontraste, Jorge? -preguntó papá muy serio.
-Debajo de la almohada de mamá... Ayer no podía dormir en mi cama, y pensé en ir a la cama de mamá, porque allí, siempre me duermo. Y cuando lo encontré, lo dejé en la mesa del salón para que sea lo primero que vea mamá cuando vuelva a casa.
-Bien echo -llegué a pronunciar antes de que mi padre siguiera hablando y le causara más dolor al pequeño de la familia.
-Papi, ¿que vamos a comer? -preguntó Jorge, inocentemente; sin saber que le esperaba dentro de media hora, un plato caliente de lentejas. Y es que, ¿a quién le gusta esta comida?

jueves, 1 de septiembre de 2011

Emilia.

-¡Papá!

Nada, ninguna respuesta, puede que estuviera en el despacho, o en su habit... ''Seré gilipollas, si se ha ido a hacer la compra...'' pensé, vale, solo en casa con el pequeño, y quién sabe durante cuánto tiempo, ¡qué divertido!


-''Estaba claro que no podríamos ser agua, que lo que sientes no puede verse desde aquí; unas palabras de aquella forma inter...''
-Alex, tu móvil está sonando...
-Lo sé, lo sé, ya voy... ¿Sí? ¿Quién es?
-Hola, guapo.
-Perdón, ¿quién eres?
-Mira que puedes llegar a ser tonto, ¿quién crees que soy, enano cabezón?
-Dios, Emi, ¿tú cuántas veces cambias de móvil?
-Cada vez que se me rompe.
-Claro, cómo no...
-Bueno, que llamaba para decir que este fin de semana me voy para allá, quiero olvidarme de los Italianos durante un tiempo...
-¿Has vuelto a romper con Franchesco?
-Dios, cuando llegue me tienes que decir donde guardas la puta bola de cristal que todo lo sabe...
-Era muy obvio...Bueno, ¿y porqué no llamas a papá para decírselo a él?
-Porque lo tiene apagado o fuera de cobertura.
-¡Qué novedad!
- Bueno, diselo, dile que voy, que estaré allí el viernes, pero que no sé cuando me voy a ir. Venga, que me tengo que ir, que me están esperando, ¡nos vemos el viernes, hermanito!
-Vale, adios, pero...
-Pi, pi, pi...


¿Pero cómo podía ser tan sumamente insoportable esta mujer? No soporto que me cuelguen cuando estoy a punto de hablar... 23 años y sigue igual de niña que siempre ¡Y tan niña! Con el pelo rosa, al menos la última vez que la vi, ¿cuánto hacía que no la veía? ¿Dos, tres años, quizás? Desde que empezaron las peleas con papá y mamá, y cuando ésta ultima se fue, ella ya estaba perdidamente enamorada de Franchesco y ni estaba en España. La admiraba, admiraba la capacidad de mi hermana de llevarlo todo por delante, de saber llevarlo; en mis 16 años no creía recordar ni una sola vez haberla visto llorar, era fuerte, pequeña pero fuerte...
Empezaba a recordar que estábamos a miércoles, y que la habitación de Emi era puro desorden; de 7 habitaciones que tenía la casa, teníamos que haber convertido la de ella en un trastero... Tenía que hablar con papá cuánto antes, sobre la inesperada visita de Emi y sobre el anillo. ¿Pero porqué un anillo? ¿Porqué de todas sus cosas sólo dejo el anillo? ¿Causar más dolor? Además, estaba seguro de que ayer cuando puse la mesa ese anillo no estaba allí...
En ese momento sonó la cerradura de la puerta.


-¡Alejandro! ¡Ven para acá a ayudarme, joder!
-Voy, papá...